
¿cuál es el lugar que más amamos?
¿tal vez una montaña, una playa, un río, una selva…?
¿qué contacto, que sensación nos lo hace saber?
Tal vez sea alguno que nos haga perder el peso, conectados con la energía del lugar, como hadas o como luces viajeras en un universo del esplendor de la naturaleza…
Una pista puede ser que sea un lugar interno, una forma de estar en el mundo, un pulsar con la tierra, más allá del afuera, de las formas del paisaje.
A veces el lugar es simplemente un encuentro. Una química energética de sentirnos pulsar porque se eleva nuestra vibración con otros, que están así, dispuestos al compartir el alma con la que contemos ese día. Sin otras voladuras celestiales que el milagro mismo que somos.
Estar ahí, sentirnos ahí, en los brazos de los otros que nos acunan, que nos escuchan, que permiten decir sin juzgar, que nos hacen válidos así por completo, así tremendamete honestos.
Da igual si el día fue de sol, de luna, de lluvia o de neblina. Cualquiera se ve hermoso, cualquiera estaba bueno para encontrarse desde el alma, para preguntarse por el camino, la vida, el amor, la tristeza, el sentido, nuestro mundo, nuestra ignorancia… y jugar, y hacer de gallinas o de monos o de máquina, y sentir, y estar ahí, para escuchar con respeto, para generar el espacio de los creadores, del artista con su vida.
Bueno, estoy así, inspiradito, ja ja. Contento del quinto curso del Camino que empezamos. Contento de la gente a nuestro lado, de vibrar con otros, de aprender más, de sentir cerca, de perder el miedo.
Contento de seguir soñando,
de querer más en el mundo, más en el crear, en el ser origen, en el arte mismo de la vida.

Y que no se acabe, que no nos tengan las conversaciones de cataclismos, finales, eclosiones, que esto empieza, y está muy bueno.
Gracias navegantes, gracias Mercedes, gracias Yoli, gracias Sofia, gracias Claudia, gracias Pili, gracias Helena, gracias Montse, gracias Gabi, y gracias a las personas de La Bartra, que estuvieron allí al pie del cañón, nos alojaron, nos alimentaron y le pusieron leña al fogón.
Replico otro abrazo.
Hernán